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12/08/2008 Ilusiones(escrito el pasado sábado, de madrugada)
Mi perra me ha convencido, finalmente, de salir a la calle, no por ella, pues a la una y veinte de la mañana, un sábado, es difícil encontrar perros con los que jugar, sino porque tenía ganas de meterme algo dulce y fresquito por el gaznate y, mira por donde, en el quiosco de al lado de mi casa hay una máquina expendedora de refrescos.
Me encantaría dar rodeos diciendo que algo tan ya cotidiano para mí, antes era una quimera por aquello de que vivía en una urbanización de veraneo que, por suerte, no se encontraba muy alejada del centro del pueblo al que pertenecía y es que cuando estoy "inspirado" me voy por peteneras, tanto hablando como por escrito. Y aunque habrá hueco para la nostalgia y para hablar de Pelayos de la Presa (después de llevar a Bruno, que quiero que lo conozca), intentaré ir al grano (defecto por el cual mis entradas son tan largas). La madrugada del sábado al domingo de hace una semana, a estas horas, estaba yo en casa viendo la peli de Monstruoso. Había alquilado esa y la peli de Cándida. Estaba solo en casa, como ahora y estaba de ánimos mucho más acabado de lo que estoy ahora. Semanas antes, mantuve una trascendental charla con mi madre que me abrió los ojos, tanto, que esta ha sido la vez que más me ha costado cambiar el chip.
En dicha charla, mi madre, haciendo gala de templanza, fue capaz de revelarme con palabras asequibles a mi ceguera mental, todas aquellas verdades que todo Cristo habéis intentado decirme antes una y otra vez y nunca he querido haceros caso, primer defecto. El segundo, poner excusas para no afrontar mis responsabilidades. Y el tercero, utilizar dichas excusas como condicionantes para no tomar iniciativas. Aunque todos esos defectos se pueden agrupar en uno solo: vivir de mis ilusiones.
Por culpa de eso, he perdido oportunidades de todo tipo, hasta verme como estoy ahora. Por eso, a la semana de darme mi madre la charla, me dio un bajón de moral tal que me faltó el canto de un duro para renunciar a la casa. Es muy sencillo, por culpa de mis insensateces y de mis pajas mentales, me veo pagando una casa, sin ayuda, con mi triste sueldo de reponedor y con pocas opciones de optar a un curro mejor. Menos alentador es, que sólo en mi calle, un vecino mío, con más constancia que yo (cualquiera la tiene), no le costó mucho que un curro como otro cualquiera, se haya convertido en el sustento de los estudios de sus sueños, tal y como tendría que haber sido en mi caso. Y da la puta casualidad de que vive justo en la puerta de la izquierda y está estudiando, mira por donde, la carrera de Cine Digital en CICE. ¡Ostia, Eso me suena! Y para colmo me enteré porque le vi con un despliegue de medios acojonante en su casa para lo que parecía ser el rodaje de un corto, que no era sino una práctica para el primer año de dicha carrera, con dos cojones. Otro vecino, más célebre, mi querido tocayo David Alejandro, años antes estudió en la misma academia que yo quiero estudiar y varios años, miles de euros y muchos pares de huevos después, está cumpliendo el sueño de su vida, que se parece mucho al mío. Mis compis de la escuela taller, no se rindieron en el empeño de sacarle partido a una profesión que les costó, como a mí, año y medio aprender y ahora, después de haber puesto el culo y de haberse movido más que un garbanzo en la boca de un viejo, tienen lo que se merecen, un sueldo acojonante con el que poder planificar el estilo de vida que quieran. Cualquiera que tenga constancia, sean cuales sean sus circunstancias, o bien es una buena estudiante de ingeniería aeronáutica con el futuro resuelto de antemano o bien un reponedor al que le han ofrecido puestos de responsabilidad porque está capacitado para afrontarlos y ni tan siquiera tiene la ESO. Claro, normal que yo haya sentido, dicho sea de paso, que nunca encajo con nadie. Lo peor de todo es que todo esto me lo he sugestionado yo solo y me lo he acabado creyendo.
Pero sobre todo esto he reflexionado y he hablado largo y tendido con mi hermano, con Nioka (lo que he podido, claro), con mi madre, con Bruno e incluso con mis compañeros de trabajo. Lo primero que me dijo mi madre, y tenía toda la razón del mundo es que si renuncio a la casa en pro de pagarme los estudios, voy a seguir llevando una vida de adolescente, opción nada recomendable en mi caso. Pero ¿y mis estudios? Ya tengo una responsabilidad, y gorda, de la que ocuparme. Lo inesperado fue que mi madre me dijese que "ya se buscarán las maneras" y a mi se me ocurren muchas posibilidades, todas ellas verosímiles, entre las que se encuentran alquilar la plaza de garaje y el trastero o comer todos los días que pueda en casa de mis padres, entre otras.
Ser adulto, como bien me dijo mi prima, significa ver lo malo con buenos ojos, y yo ya voy derechito a por mi casa de una habitación, casi con toda seguridad, porque, me salga un curro mejor que el que tenga o no me salga, mi responsabilidad ha de ser lo más asequible posible. Tengo motivos para pensar que, una vez asuma responsabilidades, sea constante y todo eso, mis padres me ayudarán con lo que sea con tal de que yo pueda estudiar a una edad en la que aun esté a tiempo de no ser demasiado mayor para poder desempeñarla como trabajo. Sea como fuere, prefiero no contar con ello por si acaso.
Ahora viene el quid de todo esto. Antes, basaba mis ilusiones en vida social y caprichos materiales que dependían de un cambio de actitud que de mí no iba a salir si no se daban las "circunstancias adecuadas". Mi suerte, no ha sido solo que me toque una casa, ha sido poder asumir una responsabilidad asequible a mis posibilidades, porque eso ha hecho que me cambie el chip y por fin vea la vida social como una carencia más allá de comunicarme a través de aparatos con pantallas y botones. ¿Por qué? Porque por fin veo mis necesidades inmediatas. Como sabéis odio el verano, porque da la puñetera casualidad de que no hay manera de que pase yo un verano sin contratiempos. Mi falta de espabile ha sido el detonante y por fin me veo en la necesidad de sobrevivir. La casa, el móvil y el cambio de destino en el trabajo... Ha tenido buenas consecuencias porque he aprendido de ello y/o le he podido sacar partido como es el hecho de haber conocido gente majísima en este nuevo supermercado con la que a buen seguro tengo resuelta parte de mi vida social que tanta falta me hace. Y uno de los motivos por los que necesito vida social por obvio que sea, es resarcirme de este y todos los jodidos veranos que me han ido mal, en buena parte, por mi culpa. Otro de los motivos es que, antes me tenían que invitar por lo cafre que era con los gastos y ahora porque tengo una responsabilidad en la que invertir el dinero. Sea como fuere, mal, o comparto actividades, vivencias y opiniones con gente que, a ser posible, me llene, o estaré abocado, de nuevo, a pensar en un hipotético futuro feliz para evadirme, con las malas consecuencias que eso traería.
Me consuela que mucha de la gente que ha intentado darme consejos y no le hacía caso en su momento, por la razón que sea, no han renegado de mí. A eso súmale la gente que han tenido, si cabe, más paciencia conmigo y cuyo apoyo he notado más constante (lo que no le quita mérito al resto ni mucho menos), así que me siento entre algodones y lo mejor que me podía pasar, con diferencia, es que no tengo que empezar de cero, aunque quiera conocer a más gente y diversificar más mis actividades de tiempo libre. Otra de las cosas que me consuela es que para tener 24 años, creo que no soy tan inmaduro en ciertos aspectos. Me explico, aunque no sea constante como persona, en otros aspectos de la vida, estoy más curado de espanto que mucha gente lo que me hace llevar mejor determinadas situaciones incluso permitirme el lujo de dar consejos. Así que si en ciertos aspectos ya doy la talla como persona y si es cierto que la casa es el preludio de una segunda oportunidad para enderezar mi vida que, por descontado, voy a aprovechar, me imagino a mí mismo dentro de cuatro años, por ejemplo, llevando las riendas de mi vida y con mucha felicidad que compartir. Pero no nos precipitemos. El siguiente paso es recuperar el contacto con aquellos a quienes os tengo injustamente abandonados, buscar actividades nuevas que me sirvan para conocer gente y, por supuesto, minar de currículos míos un radio de 15 km a la redonda. Por último, algo que me regocija más si cabe es el hecho de que he conseguido contagiar mis ilusiones a gente que ni sospechaba, como por ejemplo a mis padres. ¿Es el entusiasmo propio o una inesperada fe en mis posibilidades? Todo esto se me vendría grande, si no lo pillase con ganas propias y ajenas. Lo único que me resisto a creer es que una ilusión tan ambiciosa sea una posibilidad real de conseguir, quizá porque ahora sé como empezar las grandes metas con pequeños pasos. Que la Potra os acompañe. Ciao. |
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