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30/06/2008

La que se avecina ("2236" o "El poder de la sugestión")

Sábado, 7 de junio de 2008, 10:40 de la mañana aproximadamente:
Venía yo de casa, de desayunar y estaba hablando con Nioka por teléfono, mientras no a muchos metros de ahí, se oía como la megafonía iba nombrando números y nombres... No sé, se oía de lejos, y no le estaba prestando atención porque no tenía ni una jodida pizca de fe en que esa mañana fuese a tener suerte. No obstante, mi madre había ido al sorteo para, por lo menos, estar al corriente si sucedía el milagro. Mientras hablaba con Nioka, insisto, recibo una llamada de mi madre. Obviamente, en esas circunstancias, mi madre no me llamaría si no fuese para contarme una buena noticia, pero aun así y todo, no me lo esperaba, daba por hecho que el motivo de su llamada sería más banal, para algo poco relevante, fijo.
- Espera, cari, que me está llamando mi madre -a continuación le descuelgo la llamada a mi madre- ¿Si?
- David... ¡¡¡Que te ha tocado!!! -dice mi madre eufórica.
- Me estás vacilando -dije incrédulo.
- Que sí, que han dicho tu número. El dos mil doscientos treinta y seis
- Al loroooooo. Que guaaaapo.
No recuerdo como reaccioné después, solo sé que le dije a mi madre que la iba a colgar, que tenía que entrar al trabajo, retomé la llamada con Jessy, se lo conté y ese día cundió la euforia dentro de mi pellejo hasta tal punto que no tardé en correr la voz por el centro comercial. En el súper se lo dije a to Cristo y también a las del Juteco y a una chica de Los Telares (de una tienda de ropa de la planta de arriba, a la que saludo cuando la veo) que no dudó en bajar las escaleras en sentido contrario para darme dos besos y un abrazo cuando se lo conté. Meses atrás escudriñaba yo el salón de Quintana muerto de envidia, fantaseaba con cómo sería mi casa cuando la tuviera. Confiaba en mis posibilidades cuando supe que nos habíamos presentado dos mil doscientas y pico personas para 203 viviendas, lo que nos otorgaba una probabilidad del 10% aproximadamente a cada uno. Meses atrás, yo era uno de esos crédulos con la boca chica que sumaba cuota de share a los programas en los que los políticos comparecían para responder preguntas del público o para debatir entre ellos. Meses atrás yo tenía, no ya fe, sino ilusión en que un golpe de suerte así se pudiese materializar, mientras que mis planes eran ahorrar para cursos que valen la vida aunque no tan "caros" como lo que me va a tocar pagar ahora, pero que igualmente me reportan más satisfacción, me atrevería a decir. Chavales, las puertas de mi madurez forzosa, para bien, se acaban de abrir. Me ha tocado una casa de protección oficial...
Miércoles, 30 de abril de 2008:
Ya me sé de memoria el trayecto Madrid - Bilbao, y sigo diciendo que la parada de Lerma no me gusta un carajo, no tienen de nada (salvo los jodidos bocatas de jamón ibérico del bueno, que valen los 4 € que cuestan), ni punto de comparación con la de Alfajarín, por la que espero poder pasar al menos una o dos veces antes de que acabe el año, dado que Jessy se vuelve a Barna. En dicha parada, la de Lerma, al parar el autobús y dejar las puertas abiertas, una curiosa, desorientada y traviesa abeja, se introdujo dentro. Yo vi que no era peligrosa pues no paraba de darse de ostias contra el ventanal a lo que me pongo mi música y desconecto del mundo. Dos minutos más tarde, mi compañera de asiento, que cabe destacar que estaba buena, me dijo que si podía matar a la mosca. Lo intenté a revistazos y no hubo suerte, finalmente, la doy lo suyo de un manotazo, lo que me costó, que el aguijón se me quedase clavado, suerte que me lo pude sacar, pero no veas como dolía eso. Aunque al poco rato, se me pasó el hinchazón, de momento. Pude incluso bromear con los testigos que me vieron matar a la abeja cuando me dijeron que le avisase al conductor cuando yo mismo había tentado a la suerte
El padre de Jessy, tan "competente" como siempre, dejó para última hora unos asuntillos (no me preguntéis) que se alargaron lo suficiente como para que ella, presa de los nervios, no supiese hasta última hora si iba a llegar a tiempo a recoger a Sonia, otra amiga suya que venía, a su vez, desde Barcelona a verla. Como mi autobús llegó hora y pico antes que el tren en el que venía Sonia, me dirigí a la estación de Abando, donde me reuniría con ambas. Quepa aclarar, para despejar posibles dudas que Jessy ya nos presentó por el messenger un par de semanas atrás, para que tuviésemos una toma de contacto.
Fuimos a Portu, a dejar el equipaje de Sonia, y luego a las Arenas, a cenar unos sándwich que estaban riquísimos. Por último, con la hora pegada al culo, recogí la llave de la pensión y me despedí de ambas en el puente colgante. Ya empiezo a estar familiarizado con esa pensión y con las personas que la llevan y con eso de que por solo 31 € la noche, ya tenga baño individual (no como aquel folladero de carretera, me cago en su puta madre) ya es la ostia. A todo esto, la picadura de la abeja comenzó a escocerme y a subirme la hinchazón, que en ningún momento se me quitó del todo.
A la mañana siguiente, nuestro plan era irnos al castillo de Butrón, sin saber a ciencia cierta como se iba, pues Jessy se había estado documentando de cosas que visitar por la zona. Pronto, sobre las nueve de la mañana o por ahí, ya había cruzado el puente colgante y me había presentado en casa de Jessy.
Como para ir al susodicho castillo, teníamos que coger, para empezar, la línea de metro que transcurre por la otra orilla del río, cruzamos de nuevo a las Arenas para cogerlo allí y en la parada que nos tocaba bajarnos, había que coger un autobús que no sabíamos ni cual era ni si su trayecto nos dejaba lo suficientemente cerca del castillo. Baste decir que nos tocó andar un cacho, no muy largo, por suerte, hasta el lugar donde está el castillo de marras. Lo bueno es que allí había tres chiringuitos en los que te ponían de comer donde hicimos lo propio antes de iniciar el paseo.
Poco que decir, que el castillo es precioso (pero tiene dueño, aunque antes era visitable todo el tiempo), que los senderos que lo rodean también lo son, aunque en ningún momento nos movimos muy lejos, sobre todo porque llevábamos al niño y porque el horario de los autobuses nos limitaba. Solo puedo decir que nos lo pasamos de puta madre ese día, incluso cuando fuimos andando hasta el pueblo en el que se coge el metro porque perdimos el autobús, todo el rato de risa, y haciéndonos fotos. Maldita sea, que colección de fotos nos hicimos.
Ya a la noche, las risas continuaron, Jessy consiguió dejar de nuevo al niño en casa con su padre, el abuelo del niño, claro. Nos fuimos a cenar a un restaurante chino que hay cerca de su casa. Creedme si os digo que jamás había visto reirse tanto a Jessy cuando le enseñé una foto de mi padre en la que llevaba lo menos seis meses sin cortarse el pelo, de cuando tenía 18 años o por ahí, joder, fue enseñarle la foto y tirarse lo menos 5 minutos meándose de risa, aunque quepa aclarar que el licor que nos pusieron contribuyó un poco. Para entonces, la hinchazón del dedo era tal que Sonia y Jessy se preocuparon por si pudiese ser grave y del restaurante chino nos fuimos a urgencias del hospital de Cruces donde me recetaron una pomada. La única farmacia que conocía Jessy por la zona no estaba de guardia, así que me tocó aguantarme hasta el día siguiente.
El viernes, era mi último día en Bilbao, dado que curraba al día siguiente, y como a diario, solo salen autobuses a Madrid, hasta las 8 de la tarde, pues a esa hora cogí el autobús, pero por la mañana, nos fuimos al centro comercial Ballonti el cual no hace mucho que acaban de abrir en las inmediaciones de Portu. Allí nos quedamos a comer en una especie de "taberna" abanderada por una conocida marca de cervezas, pero antes, yo aproveché y me compré ropa, pues confiaba en el buen gusto de Jessy que ya me ha traído buenos resultados antes jejejeje.
A la tarde, nos fuimos a dar un paseo por Bilbao y, como ya es tradición siempre que voy a ver a Jessy, en una horchatería de al lado de la estación de Abando (ya sabéis que no pueden faltar una de churros o de horchata, o ambas cosas), nos tomamos una horchata que nos supo a Gloria y a poco, pero claro, era cara al ser natural y la tienda estaba petada de gente.
Quepa aclarar que esta ha sido, si cabe, la vez que mejor me lo he pasado con Jessy y que Sonia y yo hemos hecho buenas migas. Pues a la vuelta, aun faltaba lo mejor que ya os he adelantado en el flashforward del principio, y es que, ni en la mejor de mis ensoñaciones me imaginaba yo con un golpe de suerte tan tocho. Y aunque todo el mundo me ha dado la enhorabuena, ahora toca la parte, con que si bien contaba, no quería yo pensar en como la iba a afrontar.
Y, mirad, chavales, 3 semanas después del sorteo, no sé nada excepto el hecho de que me ha tocado una casa. He preguntado y pedido consejo a todo cristo. Mi prima, dice que una casa es como un hijo tonto, que todo el dinero se te va en ella, y es cierto. Otros a los que ya les ha tocado una casa ahora, y en planes anteriores (y que se cuentan por decenas, maldita sea), unos ya tenían dinero ahorrado y ahora solo están pagando la hipoteca pelada y mondada, otros no han elegido su casa aun y hace un año que les tocó y yo. Incluso, y esto es cojonudo, a Quintana le ha tocado una y está como yo. Lo único que puedo suponer, que no saber, es que me llegará una carta y al mes de llegarme esa carta, me tocará poner una cantidad de dinero que superará los 10.000 € de sobra y yo estoy que no sé donde caerme muerto. Está claro que me tengo que buscar las habichuelas para pagar mi casa, pero os digo una cosa: no sé como, pero no me veo yo dentro de dos años pagando una casa con dos nóminas.
Lo que me terminó de descolocarme, fue que hace una semana hablé con Vero, una chica de Moratalaz, a quien solo conozco de hablar por el messenger y esta me dijo que antes están mis ilusiones que la casa y me lo demostró con un ejemplo que dudo que sea real, aunque posiblemente, hubiese algo de didáctico en eso. Hablaba de que conoce a un chico que gana 2000 € al mes y tiene la casa pagada, así como cantidad de viajes que le toca hacer por todo el mundo, por motivos de trabajo. Se dedica, claro está, a los videojuegos. Entonces es cuando me planteo el dilema. ¿A qué renuncio? Una de las posibilidades es, cuando me toque pedir un crédito para la entrada de la casa, pedirlo más caro, con margen suficiente como para poder pagarme un master de alguna academia de infografía. Y oye, si los intereses me alargan el plazo de aquí al día del juicio final, así sea. Si tuviese suerte y consigo currar de lo mío, mi poder adquisitivo aumentaría lo suficiente como para bien pagarme más cursos de eso mientras no dejo de desatender mis obligaciones o bien poder cancelar el crédito ese a la velocidad de la luz. La razón por la que me puede salir bien es que estoy loco. Coñas aparte, no sé como, pero no pienso pagar ese piso con curromierdas como este y miedo me da que solo pueda pagarme una casa de una sola habitación y a 50 años porque la hija de la gran puta de la Esperanza Guarrille ha subido el precio de la V.P.O.
Por lo menos, lo alentador es que parece que los astros se han alineado porque a mí me toca la casa, a mi madre la cambian de proyecto en su trabajo (en el que estaba, nada más que había trepas que tenían a mi madre hasta los ovarios, hablando bien), y España se planta en la final de la Eurocopa... No sé, yo lo venía diciendo desde hace meses, tanto tiempo sugestionando que le había tocado una casa a to Dios menos a mí, que al final me ha tocado. Yo pensando que no iban a decir mi número, el 2236 porque está al final de la lista, y va y esa misma mañana me llama mi madre...
Aun estoy en disposición de elegir, de echarme atrás, de embarcarme a hacer locuras sin correr demasiados riesgos, aun tengo ese poder. Y tengo la jodida corazonada (y ya sabéis lo que pasa con mis corazonadas, hasta ahora se han cumplido todas) de que, en el momento de mudarme, o como mucho, meses después, mi situación económica será la ostia, mucho mejor que ganando 700 € y viviendo con mis padres y está claro que yo voy a poner de mi parte, aunque la suerte, o mejor dicho, la Potra, tenga mucho que ver en esto...
Para empezar, ya tengo un juego de cóctel, vasos, pósters, cortinas para el baño y alguna que otra idea de como equiparla para dejarla a mi gusto sin dejarme mucho dinero, como por ejemplo, dos reguladores de luz con mando a distancia para el salón y mi habitación o una lámpara de piedra que ya me la llevaré de aquí. Quiero que sea confortable, acogedora y sobre todo, personal. Quiero abrir la nevera y tener siempre algo que ofrecer a una posible visita, a ser posible, femenina a quien me haya camelado ese mismo día, cualesquiera que sean las circunstancias. Quiero que se sorprendan cuando vean el buen gusto que tengo para amueblar, decorar y sobre todo iluminar la casa (en su momento y por descontado que contaré con ayuda), cuando vean lo bien equipada que la tengo, justo a mi gusto, con mi "centro de operaciones" en el salón compuesto por videoconsola de las guapas, ordenador de los guapos, tele de las guapas y home cinema de los guapos, quiero poder disponer de tiempo para desarrollar mi inquietud por la cocina. Quiero, sí, es una quimera, lo sé, que una casa no suponga una merma acojonante de mi poder adquisitivo. Y quiero que familiares, amigos, y gente con la que tenga un mínimo de confianza, seáis partícipes de todo eso.
El pasado miércoles, sin ir más lejos, fui al estreno en cines del corto "Revolt of the Mouses" de mi ilustre vecino y tocayo David Alejandro Gen y pienso que si él lo ha conseguido, yo también puedo, máxime cuando el muy cabrón, gracias a su talento, ha conseguido financiación, me supongo, para un largometraje, porque todo cuanto puedo saber de momento es que él y su equipo se traen algo gordo entre manos. Ese mismo día he sido testigo, de como más gente que ha tenido pajaritos como yo, y que están más pirados que yo han hecho realidad una ilusión, como yo también lo puedo hacer, dado que ambos directores (ambos se llamaban David, curiosamente) han estudiado en academias de pago, y ambos rondan la treintena
Para terminar esta entrada al blog, y de poneros al día, deciros que ayer, viernes, 27 de junio, fui a un cásting para un concurso de la tele y que no me cogieron, y que estoy desde ayer y hasta mañana domingo suspendido de empleo y sueldo por tirarme 40 minutos en el cuarto de seguridad con Saulo oyéndole contarme historias de cuando estuvo en la policía militar de Colombia. Aun tardaré unos días más, como poco en publicar esto, porque como mi ordenador es "asin" (aunque seguramente lo haga desde un ciber), pues jode el router al intentar conectarlo, así que me toca comprarme una tarjeta de red y un cable de ídem de una longitud considerable para que llegue desde el salón hasta aquí y no sé si lo compraré este mes o el que viene. Ya no hay prisa y que conste que ya no uso tanto el teléfono para gilipolleces, que me lo estoy tomando en serio. Que la Potra nos acompañe. Ciao