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20/10/2008 Operación Rómulo y Remo. Fase 2El otro día me decía mi hermano que tengo más antojos que una embarazada. Pues hombre, sí, pero con matices. Los "antojos" a los que se refiere son a que me vio aparecer con un gel de baño y un ambientador, ambos de vainilla, y una esponja con uno de sus lados cubiertos con semillas de maíz cuyo propósito es exfoliar la piel. Y por tener, tengo muchos más y hablo de gilipolleces tales como el felpudo de "Bienvenido a la república independiente de tu casa" y chorradas por el estilo. Y es que, desde que me ha tocado la casa, me han entrado unas ganas que flipas de cultivarme, de cuidar mi imagen, de interesarme por cosas como por ejemplo, la cocina o la decoración de la que de aquí a dos años será mi casa... En definitiva, me han entrado ganas de querer ser mejor persona. Y es que "tener una meta me ha ayudado", como decían en una peli...
Entras en mi habitación y, quien me ha visto y quien me ve, la tengo ordenada, huele bien y me siento agusto y bien conmigo mismo por tenerla así. Hasta qué punto me ha afectado que hasta he empezado a ordenar los cajones y estanterías en las que tenía a punto de extraviarse, papeles tan importantes como mis nóminas o cosas por el estilo. Y que así siga.
Estos últimos dos meses, pese a que Bruno y yo no hemos quedado apenas, hemos hablado mucho por teléfono y poquito a poco, nuestro mayor hallazgo común es que estamos muy cerca de conocernos del todo a nosotros mismos si no lo hemos hecho ya. Uno de nuestros más graves errores, y del que seguramente ya os habíais percatado hace mucho tiempo los que me conocéis es que, si a un día flojo le sumas que se te junta el hambre con las ganas de comer, o bien nos daba el bajón tonto o bien nos encabronábamos con el mundo, lo que nosotros mismos hemos denominado "bajones artificiales", es decir, por causas tontas, ante los cuales, antes de nada, hemos de darnos cuenta de cuáles son las causas para sobreponernos a tiempo y si aun así no podemos evitarlo, buscar una manera de distraer la atención de la chorrada que nos preocupa. Una buena terapia suele ser llamarnos el uno al otro cuando eso sucede. Y es que eso no es todo, con Charly, por ejemplo, estos días me siento satisfecho de haberle sido de ayuda con su estado de ánimo y es que, gracias a haber sido anímicamente tan vulnerable, cuando aprendo de mis errores, me doy cuenta de que eso es tan universal que me sirve para ayudar a los demás, y ha sido su caso. Peca de muchos errores comunes a mí, la diferencia es que él no es consciente de algunos de ellos y claro, para él, por ejemplo, tener novia era un pilar emocional imprescindible tanto que no sabía concebir su vida de otro modo, sobre todo después de que hace año y pico le dejó la que fuese su primera pareja sentimental en el sentido institucional de la palabra. Y mira, pues él a mí, dado que es más responsable que yo para muchas cosas (aunque bien es verdad que tiene a sus padres más encima que yo a los míos), pues trata de darme consejos y, oye, como buen amigo, se solidariza y me invita a salir por ahí si es necesario.
Una de las cosas que tenía yo pendiente conmigo mismo era recuperar el contacto con todas aquellas personas que merecen la pena, con los que tenía relación más o menos de amistad y con los que, a causa de no querer ver más allá de mis narices con las relaciones sociales, pues les he tenido un tiempo "abandonados" y mira, mejor no me puede haber ido. Después de recuperar meses atrás el contacto con Llis, que también me está sirviendo de apoyo emocional que te cagas, pues ahora volví a dar señales de vida a Cid, al que parece que le van bien las cosas. Y, chorrocientos meses después de haber vuelto de Erasmus, se encuentra otro buen colega de la infancia que, para refrescaros la memoria os diré que es novio de la hermana mediana de Nines, la que fuese compañera mía de trabajo y con la que salí el año pasado. Ya lo había contado en el blog, ¿no? Lo digo porque estoy empezando a dudar. Si tenéis alguna duda, hacédmelo saber en los comentarios y os respondo. Como os iba diciendo, chorrocientos meses después de volver de Erasmus, he recuperado el contacto con Dani, quien ahí sigue con su carrera de comunicación audiovisual.
Y mira, en el resurgir de mi vida social, también se encuentran los planes propiamente dichos. El sábado, 11 de octubre quedé con Miriam, mi amiga de Alcalá de Henares, quien me invitó a celebrar su cumpleaños, el cual había sido 3 días antes. Lo gracioso es que, un aliciente extra, era que le había hablado mucho de mí a una amiga suya que quería conocerme, de hecho, el aliciente o casi podría decir el condicionante para ir ella era que viniese yo. Pues bien, después de dos semanas planeándolo con toda la ilusión del mundo, tres horas antes de empezar a quedar con todo el mundo va la chica en cuestión (la amiga de la anfitriona) y se pone mala. Eso hubiese importado poco de no ser porque en su casa estaba guardada la bebida y cuando quisimos ir a por ella, no había ni Cristo en casa, y aun desconozco que fue lo que realmente pasó, pero todo apunta a que no mentía pues sino no creo que hubiésemos tenido problemas. Miriam se pilló un berrinche de fliparlo. Al llegar a Alcalá, lo primero que hizo mi amiga fue presentarme a su novio que, por lo que me había hablado de él, creía que iba a ser el típico tío soso, empalagoso y sin tema de conversación y qué va... Lo que empalagaba, era lo freaky que era el cabrón no había soniquete de serie o peli o videojuego mínimamente bizarro que no tuviese en el móvil, pero dentro de lo freaky, no tenía inquietudes muy profundas. Lo que más, Padre de familia, Cálico Electrónico y cosas por el estilo... Lo más gracioso es que los nuevos amigos de Miriam, se parecen más a mí de lo que yo sospechaba. El año pasado, cuando perdí el Motorola V360 en aquel garito de Alcalá, la gente con la que se iba me ponía de mala ostia. Sobrios, sí, eran todos unos cabras locas (casi todos homosexuales aunque eso no tenga nada que ver) pero se podía tratar con ellos, pero hebrios, me ponían de una mala ostia que no te haces a la idea. Del primer garito del que salimos aquella vez (yo no quise llegar al segundo, ahora os cuento por qué) una se puso a potar del pedo que llevaba y su novia, ahí más basta que un bocata de lentejas, echándole la bronca mientras tanto. Pero es que el resto no se quedaron cortos. Íbamos andando por calles céntricas de la ciudad e iban todos berreando y cambiando decisiones cada minuto y medio. Primero, este garito no, luego este tampoco, luego, vamos a esperar a ésta que se ha perdido... Miriam se portó aquella noche de puta madre y se quedó conmigo hasta que abrió el Cercanías, un detallazo por su parte. Pues bien, un año después, la cosa no tuvo ni punto de comparación.
Como decía, sus nuevos amigos se parecen a mí más de lo que yo sospechaba, tenían gustos muy parecidos a los míos (videojuegos incluidos) y bueno, todos venían con novia, salvo uno, que no la tenía. Y todo esto me llevó a una conclusión a la que debí haber llegado hace tiempo y es que, me he dado cuenta de que, no importa cuales sean las inquietudes o las aficiones de la gente. Salir por las noches es parte implícita de su ocio y, por extensión, del mío dado que los tiempos en los que me rallaba han quedado atrás.
El primer garito en el que estuvimos estaba bien, ponían música rock y qué gracioso que no vi a nadie del grupo molestarse porque la pusieran y eso que me constaba que a más de una no le gustaba. Pero lo mejor era que cuando tú pedías chupitos de lo que fuera, ellos te daban la coctelera y los vasos y tú te servías. Yo probé de los dos que pidieron y me gustaron, pero como bien sabéis, no me gusta beber.
En ese primer garito, me tiré más tiempo hablando con los novios, es decir, mis alter ego freakys, de todo un poco. Y es curioso porque me recuerdan a cómo era yo hasta hace bien poquito, sobre todo el único que no tenía pareja. En un paréntesis me salí fuera a tomar el aire y aproveché para llamar a Bruno quien aun estaba despierto.
Poco después, cuando empezó a llover, nos trasladamos a otro garito en el que la intención era bailar. Otra cosa curiosa de la que me voy empezando a dar cuenta y que hasta ahora no comprendía y era el por qué de ir de un garito a otro. Aparte de variar (me dirás tu el qué), pues es porque en unos sirve para tomarte algo y en otros para salir a dar botes, pero vamos, que el ocio nocturno, por mucho que me divierta, siempre me parecerá igual de absurdo.
Una vez dentro de la pista de baile en la que, para mi regocijo no pusieron reggaeton como estaba previsto. Otra de las cosas de las que me di cuenta, es que, siendo el ocio nocturno parte del tiempo libre de casi todo mortal que no sea un rallao de la vida, como yo hasta el otro día, ahí dentro, la diversión es de otro tipo. Te tienes que sentir a gusto con la gente con la que estás y te tiene que gustar la música, eso es imprescindible. Pues si se cumplen esos requisitos, bailar, a mal que se te dé, es la diversión en si, juntarte con unos, con otros, algún restregón que otro con las tías (consentidos eso sí, dado que era bailando)... "A ya ta" y fíjate lo que son las cosas, con la tontería nos dieron las seis menos veinte de la mañana. El cercanías estaba a punto de abrir, y sí, el cansancio ya empezaba a hacer mella en nosotros. Me lo había pasado de miedo. La verdad, echaba de menos que, después de trasnochar por una buena causa, se me quedase buen sabor de boca.
Y como gracias a que ya me he conciliado conmigo mismo, tengo la conciencia tranquila y hasta me ha subido el autoestima. De lo que no estoy del todo seguro es de si eso lo ha motivado mi estado de ánimo por sí solo o si es porque desde que me dejo perilla se me quedan mirando más tías que nunca. Claro que sigo teniendo problemas. Estoy jodido de pasta, sin ir más lejos. No ahora, pero lo voy a estar de aquí a un mes cuando me toque empezar a pagar mi casa. Y aun sigo necesitando de los condicionantes para actuar, pero como he vivido mucho tiempo con esa dinámica, lejos de querer erradicarlo, pues eso me provocaría un desajuste mental aun mayor, lo que he hecho ha sido empezar a paliarlo poquito a poco. Sin ir más lejos, por mucho que no quiera obsesionarme, de no ser por la casa, aun habría inquietudes mías que no se habrían desarrollado o siquiera despertado, así que, bienvenidos sean los condicionantes mientras los necesite, ¿no creéis? Estoy del todo seguro en que, una vez los condicionantes cumplan su objetivo, yo estaré acostumbrado a una rutina en la que ya no los necesitaré, aunque eso sea de por sí otro condicionante. Pero para ponerlo más fácil os diré que, gracias a la Potra, todos los condicionantes que necesitaba para motivarme los tengo y eso es lo que cuenta, qué cojones. Ahora ya conozco mis limitaciones, mis defectos. Ahora ya sé lo que quiero y lo que quiero es sobrevivir. Las ilusiones, por supuesto, no se han ido, están ahí, sino no escribiría en el blog, además de escuchar mientras tanto, mi banda sonora preferida, la de Gladiator. Ahora por fin sé que tengo aptitudes de las que valerme aunque estén por desarrollar y si (por poner un ejemplo de superación, cercano además) una madre por su hijo hace lo que sea, yo por mi porvenir, también.
Días antes de elegir mi casa ya le estaba dando vueltas a ello. Mis padres no me están pidiendo cuentas, pero a cambio, solo actúan como meros testigos, para ver como pajeo, para que no sean las broncas sino mis propios actos los que me pasen factura a mí mismo si no actúo con cabeza. Así que el día que fui a elegir la casa, casi lo tenía decidido. Días antes, hice fotos a todos los planos de las casas que tenían dos habitaciones y al listado de precios de todas ellas para poder echarle un vistazo en casa y así tenerlo más fácil a la hora de decidirme. La de una habitación tentaba por su ridículo precio, pero, además de que no había mucho partido que sacarle, si elegía esa, no estaría siendo consecuente conmigo mismo. No sé cuanto tiempo pasaré en esa casa antes de poder mudarme a una más grande, así que antes de meterme en camisas de once varas, prefería actuar sobre seguro. Mi sueldo, claro está, solo me huelga para la de una habitación, pero también doy por hecho que no voy a pagar mi casa con ese sueldo y es difícil, pero mira, de no ser por ese condicionante, aun estaría tocándome los cojones a dos manos y, dadas las circunstancias, prefiero no acomodarme, que me conozco.
De las que había, aparte de la de una habitación, la más barata de dos habitaciones era de 56 metros, la más cara de 62. Y la diferencia de precio era minúscula así que por 40 € más al mes prefiero tener un salón de 21 metros y una cocina de casi 9, razón de más para motivarme. Ah, se me olvidaba. Cuando fui a elegir casa, de dos habitaciones aun quedaban muchas, así que no tuve problemas, ya que esa era una incógnita que tenía yo en la cabeza. Y la de 62 metros, solo la había en la planta baja, pero mira, pude elegir hasta la orientación y todo y a mí la luz en las habitaciones me entrará de tarde. Por lo demás, todos los bloques de viviendas tienen piscina comunitaria, y todas las casas de mi bloque, suelo de tarima flotante... Vamos, un lujazo.
Ya para concluir, diré que, con todo esto, por difícil que parezca, encontrar un trabajo mejor que el mío no se me antoja difícil. Querer es poder, y como bien he dicho, quiero sobrevivir. En otras palabras, con la conciencia tranquila, con el autoestima alta, con las cosas claras, solo me cabe decir que me siento más poderoso que nunca y todos los pasos que dé a partir de ahora solo van a ser hacia delante. Que la Potra os acompañe. Ciao. |
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